¿Quién es la maestra María Elena?

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Mi abuelo nació en Fresno, California poco después del descubrimiento del oro en 1886. Yo nací en Coalinga, exactamente un año y un día después de mi hermana mayor. Su nombre fue María y su vida en este mundo duró nada más 7 minutos. Mi madre regresó a su casa con los brazos vacíos…

Mis padres me llamaron María Elena. Bueno, en realidad, fui María Elena por mis primeros cinco años. Al comenzar mi vida escolar, mi nombre cambió. No había ninguna explicación del porqué de ese cambio. Simplemente así sucedió. Mi nombre fue cambiado por una maestra. Desde entonces, soy Helen. (Yo creo que había muchas “Marías” en me clase y la maestra no quería confundirse).

Los años pasaron rápidamente, continué como Helen por 12 años más y después de tres generaciones, me convertí en la primera de mi familia en graduarce de la secundaria en junio de 1967. Para mi sorpresa, ya que mis padres tenían apenas lo suficiente, me entregaron unas llaves de un Mercury Cougar de 1967, no lo podría creer: yo que pensaba que “éramos pobres”. (Pero los pobres no pueden pagar un coche efectivo).

Estaba muy confundida para elegir la carrera para estudiar. Mientras asistía a la universidad de Fresno, pude trabajar medio tiempo como cajera de un banco. Recuerdo haberle dicho a una compañera que me comprometí a trabajar sólo hasta que me graduara de la universidad. El Director me escuchó y comento: “Solo el 2% de mexicanos se gradúan de la universidad.” Me sentí ofendida. No sé por qué me dijo eso. Pero no he olvidado esas palabras. Mi “trabajo temporal” resultó de veintidós años en ese lugar.

Creo que el Director tuvo razón: abandoné mis estudios para casarme el amor de mi vida: Nicholas Thomson. Sus padres eran anglosajones. De niña, yo quería casarme con un mexicano como lo era mi padre, para continuar con su cultura y tradiciones. Nuevamente cambió mi nombre: tenía que ser la señora Thomson. Me sonaba como sonido de percusión: TOM-SON. Me desagradaba cuando me decían la Sra. TOM SON. Pero el amor de mi esposo era más grande que el odioso apellido que me tocó.

Me mudé a San Francisco para comenzar mi vida como Señora Reyes-Thompson. Estábamos felices: venía el bebé, pero a los seis meses lo perdí. Fue un problema genético, igual que la primera hija de mi madre. En ese momento, comprendí profundamente el dolor que mi madre sufrió al perder a mi primera hermana. En poco tiempo fui bendecida con mis 2 hermosas hijas. Mi familia estaba completa.

Toda mi familia decidió ayudar en la compaña de mi cuñado, Xavier Becerra, para congresista. Él era ya bien conocido en Los Ángeles como el asambleísta del Estado de California. Conduciendo hacia Los Ángeles, noté que mi marido tenía el pelo poquito gris que se notaba en su cabeza entera. Las canas de él le quedaban con su personalidad como la sal y pimienta de un hombre distinguido y guapo. Nunca olvidaré la sonrisa que dio después de escuchar mi cumplido. Estuvimos muy contentos trabajando en las largas horas de la compaña. A veces no teníamos tiempo para cenar.

La última noche de trabajo, el 2 de junio, terminamos antes de la dos de la mañana. Mi esposo nos dejó en casa de mi hermana y él fue a comprarse una hamburguesa. Pasó mucho tiempo y no regresaba. Le pedí a mi cuñado que fuera a buscarlo. Estaba preocupada, porque era el periodo de los disturbios generalizados, saqueos era la época Rodney King. Había mucho antagonismo entre los Anglos y Afroamericanos.

Me informaron que mi esposo llegó justo antes de que restaurante de comida rápida cerrara, por lo que el gerente lo dejó pasar, y le pidió al grupo de Afroamericanos detrás de mi esposo que por favor pasen por la ventana de afuera. El gerente estaba obligado a cerrar las puertas del restaurante exactamente a las dos de la madrugada…

Cuando el gerente trató de cerrar la puerta, fue atacado por varios señores del grupo que también tenían hambre. Conociendo a mi marido, sé que él no se quedaría allí sin ayudar. En la desafortunada situación le dispararon a mi esposo y murió instantáneamente. El mundo de mis hijas de 8 y 11 años se desplomó al quedarse sin su papá.

Porque soy una persona de fe y antes de informar a mis hijas de lo que acababa de suceder, le pedí a mi creador una señal de que todo estaría bien. Inmediatamente después de darles a conocer esta desagradable noticia, la niña de ocho años me dijo, “Papá estará bien pero necesitamos orar por el hombre que lo mató porque él obviamente no conoce a Jesús”. Esas palabras de mi niña fue la señal de que todo estaría bien. También le pedí a mi creador que me dejara vivir hasta que mis dos hijas se casaran, para irme de este mundo tranquila y sin ninguna obligación. Y con esa oración, empecé mi vida como madre soltera.

Como madre soltera sabía que mis hijas necesitaban tiempo de calidad con su madre. Yo estaba trabajando en un banco tiempo completo durante veintidós años. Me desempeñaba como oficial que estaba a cargo del cumplimiento de préstamos en toda el área de la Bahía. Ya que el año escolar requería que los niños asistieran a la escuela solo medio año, ¿qué iba a hacer la otra mitad? Me encantaba enseñar documentación de préstamos. Esto me dio la idea de regresar a la escuela y convertirme en maestra de primaria.

Con el apoyo de mi familia, volví a la universidad de Fresno para obtener las credenciales para trabajar como maestra bilingüe. No fue fácil porque mi español, después de tres generaciones, se había deteriorado. Pero lo importante fue que pude continuar con mi pasión de enseñar y tener el lujo de disfrutar los mismos días de vacaciones como mis hijas.

En 2005, mis hijas y yo estábamos de vacaciones cuando me di cuenta que tenía un bulto en el pecho. Estaba en Los Ángeles visitando mi hermana y su esposo el Congresista Xavier Becerra. Me hicieron los exámenes médicos y resultó ser canceroso y me realizaron una mastectomía bilateral. Recordé la petición que le había hecho al Señor. Sólo una hija se había casado y me faltaba unos años más para que se casara mi segunda jovencita. Una vez más le pedí que sobreviviera a esta situación hasta que mi hija se casara.

Mi admirable madre de 85 años me cuido durante un año completo y mi hija se quedó y fue atendida por su hermana mayor. No me arrepentí de haber sido diagnosticada con el cáncer de la etapa 2, porque me permitió el tiempo de conocer a mi madre profundamente. Aprendí cosas hermosas sobre mi madre que una vida normal nunca hubiera permitido. Con mucho tiempo en mis manos, también me permitió profundizar en mi fe religiosa. Durante este tiempo, desarrollé una línea directa con mi creador. Estuve libre de cáncer por cinco años. Y la vida volvió a normalidad.

Cada año mi fe disminuiría un poco más y al mismo tiempo mi vida se pondría más ocupada. Pero cuando me diagnosticaron por segunda vez, no me puse triste. Yo misma le pedí al Señor que hiciera lo que tuviera que hacer para mantenerme cerca de él. Si tener cáncer definitivamente me mantiene llena de fe, que así sea. Esta vez el cáncer de la etapa 3 regreso en mi estómago. Ahora si puede ser el tiempo de dejar este mundo porque el tiempo que le pedí al Señor se terminó. Me hija menor ya estaba casada. Durante los siguientes tres años tomé tratamientos de quimioterapia. Esta vez no tuve que tomar ningún tiempo de incapacidad. Trabajé durante el tratamiento.

Trabajé en una escuela de doble inmersión. Ahí me toco el honor de ser maestra de primer grado. Entonces la escuela necesitaba maestra de séptimo y octavo. Mi directora indicó que yo sería una gran maestra de grado superior. Porque he superado muchas retos, tome el riesgo de saltar de primer a séptimo y octavo grados. Le dije a mi directora que lo hacía temporalmente por un año y si no me gustara regresaría a la primaria. Duré 18 años como maestra de doble inmersión en los grados séptimo y octavo fui conocida durante ese periodo como la señora “T”. Después se construyó la secundaria Gaston donde incluyeron los grados del 7 y 8. Allí fue donde decidí regresar a la primaria a ensenar kínder y primero otra vez.

El año pasado, fui maestra de kínder. En el comienzo del año, me diagnosticaron nuevamente cáncer. Somos criaturas de costumbre. Otra vez, desde que sobreviví al cáncer por segunda vez, mi fe se deterioró lentamente. Una vez más, el Señor toca el timbre de mi puerta. Esta vez regresó el cáncer de la etapa 4. Le tuve que informar a la directora porque cada lunes tengo que tomar tratamiento de quimioterapia. Me sorprendió que empezó a llorar con la noticia, pero ella sabía que había estado luchando contra el cáncer por años. Le conté de mi petición con Dios. Mi Señor ya me bendijo con siete nietos. Creo que ya superé mi tiempo en este mundo. Mi creador me ha otorgado tiempo extra para seguir viviendo. A esta fecha todavía estoy tomando quimioterapia, pero ahora lo tomo diariamente en pequeñas dosis.

No sé cuando voy a vencer esta enfermedad. Pero mi enfermedad no me impide hacer las cosas que creo que son importantes. Como esta semana mi familia y yo nos dirigiremos a Sacramento cada fin de semana para ayudar a mi cuñado a lanzar su carrera de 2018 para continuar como Fiscal General de California.

La enfermedad no es importante para mí. Lo importante es que estoy con mi familia y también en paz conmigo misma. Tengo 69 años y la gente me pregunta cuándo me voy a jubilar. Les digo que no sé. Siempre y cuando continúe trasmitiendo el amor por el aprendizaje a los niños. Ese es mi propósito y mientras lo mantenga vivo, tendré la voluntad de seguir en el campo educativo y unos enormes deseos de vivir.