Jóvenes sacan al pueblo a votar foto por Gaby Fernandez

Fragmento de un joven campesino

Por Benny Corona (traducido por Lourdes Medina)

Son las 4 a.m. de la mañana, el aire es frío y nuestros cuerpecitos ya tiemblan por el hastío de la madrugada dentro de nuestra casa. En este hogar, no hay calentador por la mañana. Este hogar no es una casa de estructura tradicional, ya que le llaman “trailas” o casa móvil. Y por ser una ‘Traila” siempre oculté mi hogar a mis amigos o conocidos. Y de seguro es la razón por la cual nunca tuve visita o amistades en mi casa; para evitar el acoso or ‘bully’ en mi infancia.  Esta casa está húmeda y puedes ver cómo tu aliento se materializa cuando toses, de la misma manera cuando tú y tus amigos pretenden que estás fumando con los dedos tocando los lados de tus labios. Me apuro a vestirme, para seguir durmiendo un poco más al apoyar  la cabeza junto a la ventana de la puerta del automóvil en el asiento trasero del coche de papa. Así duermo más y me olvido de la realidad de tener que trabajar recogiendo naranjas por el momento. En el fondo se puede escuchar a mi papa, comenzar sus gruñidos de la mañana temprano, y es mejor que me dé prisa para evitar ser el blanco de su ira matutina.

Estoy en el asiento trasero con mi hermano y mi padre comienza la radio de la mañana. Le gusta escuchar “La Campesina y otras más” o “La Máquina Musical”. Creo que esta vez le toca a la Máquina Musical. No recuerdo bien por qué siempre estoy dormido durante este tiempo.  La mejor parte de llegar a los campos es que a veces pasamos treinta minutos antes de que comience el trabajo, de esta forma podemos dormir aún más tiempo en el asiento trasero del auto; aquí puedo seguir soñando con el fútbol, ​​ver el anime, vivir en Japón, volverme rico algún día, nunca volver a buscar naranjas, tener un día libre en la escuela donde no recojo naranjas.

Hasta el día de hoy, no como naranjas. El solo verlas me provocan náuseas. Me recuerdan lo desagradable de piscarlas, el respirar polvo, suciedad y partículas de pesticidas de los árboles y los campos. Me recuerdan la miseria. Me recuerdan momentos en los que estaba avergonzado de mí mismo. Me recuerdan las veces que me escondía del público cuando aún estaba con la ropa de trabajo. Las naranjas me recuerdan cómo mi alma se estaba convirtiendo lentamente en almacenamiento para acumular penas, el perder la esperanza, ignorar las injusticias y promesas incumplidas.

En fin ante de que me pueda fijar en una naranja más, ya puedo escuchar los gritos de las personas para avisarnos que es hora de trabajar. Instintivamente marcho hacia remolque de escaleras para piscar. Recojo mi fortaleza de metal y la coloco sobre mi hombro derecho. Marchó hacia el sol naciente, hay otros trabajadores agrícolas delante de mí, y los cuerpos humanos esporádicamente comienzan a transformarse y engranarse en ángeles, y tal vez estuvieron allí todo el tiempo, tal vez no. Puedo ver en el fondo enormes colinas y cimas de montañas, un cielo naranja y nubes masivas. Me están llamando, me están invitando al cielo. Pero el cielo es una mentira cruel. En cambio, en esta madrugada, tengo naranjas. Me regañan mis padres por no trabajar lo suficiente. Me critican por ser tímido. Me critican por no saber qué hacer. Y todas estas jodidas ramas siguen golpeando contra mí. Es como un volcán dentro de mi cabeza y agarro esa maldita naranja y la tiró al suelo. La pisoteó con coraje, repetidamente hasta que todo lo que queda son los jugos y la capa protectora de la naranja. ¡Maldita naranja, vete a la mierda, pedazo de mierda!

Pero eventualmente en esos campos esas naranjas forman pequeños tesoros cuando alcanzamos entre las ramas con largas espinas que protegen su fruto, al mantenerse en movimiento… Somos como olas en el océano, somos como el latido del corazón, nuestros cuerpos se han reducido a los movimientos, somos  los aceites de transmisión que alimentan la maquinaria de la industria agrícola. Hacemos que todo se mueva.

La segunda mejor parte de llegar al campo es cuando te puedes ir a casa. Cuando te puedes regresar al asiento trasero del auto, sin los guantes de trabajo puestos. Cuando pienses en todas las cosas divertidas que harás el resto del día. Cuando la ira te abandona y te sientes aliviado y lleno de esperanza por otro día.

Cuando llego a casa, me olvido de lo que sucedió a primera hora de la mañana. Me olvido de todas las frías madrugadas. Me olvido de la escuela. Ni siquiera sé que tengo amigos. Me olvido de las cosas divertidas. Ni siquiera sé cómo es el mundo. Solo me acuesto en la pequeña cama a descansar. Cierro los ojos y mis sueños vuelven a mí. Eventualmente caigo profundamente en ellos, y mi mundo, en esta Tierra, finalmente termina un día más.

  • Community Alliance

    The Community Alliance is a monthly newspaper that has been published in Fresno, California, since 1996. The purpose of the newspaper is to help build a progressive movement for social and economic justice.

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