Esclavitud y Brutalidad Policíaca. Condiciones Preexistentes

Por Francisco Duarte

La frase “condición preexistente” suele limitarnos a pensar en algún seguro de salud que se hará difícil y caro de obtener. La verdad es que en lo social, económico y hasta genético vivimos bajo la influencia de condiciones que nos dictan  posibilidades y limitaciones. La mortalidad variante del Covid-19, las manifestaciones a nivel mundial en contra de la violencia racista, más los efectos del Covi-19 son resultados de  condiciones preexistentes en la naturaleza y la sociedad.

La amenaza del virus discrimina, “elige” a quien atacar exhibiendo carencias de políticas económicas y de salud en las naciones. Su expansión y nivel de mortalidad distingue entre pobres y ricos, jóvenes o viejos, hombres o mujeres, sanos o enfermos. En la ciudad de Chicago la población negra que compone el 68% de los muertos, es solo el 30% de la población y su número de pobres y sin seguro médico es más elevado. En México existen áreas donde el porcentaje de mortalidad se eleva hasta el 16% —no es de extrañar en el país campeón mundial en consumo de refrescos azucarados. El nivel de obesidad en ese país supera al 70% en los adultos y el porcentaje de diabéticos está en el 15.4% (Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI): Precondiciones.

  En la década de los 60s, el mundo experimentó una efervescencia social poco vista en la historia. Personas de todas las edades se reunían para reclamar justicia, igualdad, el fin del racismo y la discriminación. Estados Unidos no fue la excepción ya bajo la sombra del asesinato de Malcom X y Martin Luther King, aparte del magnicidio de J.F. Kennedy a quien se percibía como un líder de los derechos civiles. Este país ha sido forzado a lidiar con los problemas sociales haciendo algunos cambios, aprobando algunas leyes que ayuden a aminorar los efectos del verdadero problema: el racismo endémico que aún se respira en este país. El asesinato de George Floyd a manos de un policía el pasado mes de mayo no ha sido la causa de las protestas, solo ha  sido el detonante, la paja que ha inclinado la balanza ante crímenes continuados de la misma institución. Pocos dudan que el racismo haya aflorado a la superficie inspirado por la presente administración. 

Después de décadas de ser ilegal la esclavitud y la segregación, el problema de racismo y sus efectos de violencia, desigualdad y discriminación continúan sin abatirse, lo que se refleja en la condición social de los afro-americano y su relación negativa con las autoridades. Los latinos continúan siendo una minoría perseguida, encarcelada y asesinada de manera desproporcionada a su número total. Entre los latinos de 15 a 34 años, el 2% de la población nacional, son cinco veces más propensos a ser asesinados y encarcelados por la policía que su contraparte blanca. Al negro se le continúa considerando como a un ser semisalvaje armado y peligroso. En realidad en sus  confrontaciones con  la policía el 45% portaría algún arma, contra del 53.6 de los blancos (Maping Violence). 

  Después de lanzada la campaña “La Vida de la Gente Negra Importa” en 2013 y la concientización que intentaron crear atletas, académicos y activistas, es evidente que la violencia policial no se elimina con desmilitarización, talleres de concientización, diversificación de razas, cámaras corporales, etc. Estas reformas se han implementado pero los actos de violencia institucional continúan sin detenerse. La razón del fracaso es simple: esta violencia se finca en el racismo que a su vez produjo la esclavitud con sus resentimientos y secuelas históricas que aun nos acompañan. 

Al parecer  mientras se mantenga la estructura política que concede tanto poder al segmento racista del país —poder de suprimir votantes, de demarcar zonas a conveniencia, de ceder a la presidencia sin la mayoría de votos, las cosas solo podrán empeorar. Los departamentos de policía son receptores de esa influencia pública que les permite intimidar  a los políticos, discriminar con base en razas, asesinar sin consecuencias, todo ese panorama  tiene que cambiar. La ciudad de Fresno tiene su propia historia de violencia contra las minorías sin que se avizoren cambios positivos en su relación con la comunidad.   

El tiempo ha llegado de interrumpir una conversación sobre reformas casi inútiles a la estructura policiaca; es el tiempo de despojarlos de su enorme influencia y poder económico de modo que una parte significativa de su presupuesto  —a menudo un tercio del presupuesto de los condados— sea canalizado hacia donde esos fondos son necesarios: educación, salud, vivienda. Como sociedad necesitamos darnos cuenta que la policía como la conocemos hoy no es la solución a la violencia, es una de las causas de la violencia. La policía como institución responde a esa condición preexistente de la esclavitud, y la esclavitud y sus secuelas son condiciones preexistentes de un racismo que no hemos podido superar como nación a menudo aprobando el abuso institucional sobre seres humanos aun considerados inferiores. 

Es necesario que esta nación reconozca, más allá de disculpas huecas, los resultados nefastos del racismo en la sociedad y hacer la reparación necesaria por la violencia, desigualdades e injusticias producidas. Es el tiempo de respirar y respirar profundo a fin de avanzar con mayor energía que nunca.

*****

Francisco Duarte nació en México y es un activista de Fresno. Pueden contactarlo en fresnohouse@hotmail.com 

  • The Community Alliance is a monthly newspaper that has been published in Fresno, California, since 1996. The purpose of the newspaper is to help build a progressive movement for social and economic justice.

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