Aventura Peligrosa en la hacienda. Por Crystal Cortez

Una Aventura Peligrosa

Por Crystal Cortez , Maestra -Primaria Sunset

Era una típica noche, esperando el Año Nuevo en nuestro pueblo en México. Todos ya habíamos terminado la gran cena. Los adultos estaban adentro en la casa de mis abuelos, y nosotros, los primos y amigos, estábamos afuera en la calle charlando y empezamos a contar historias de suspenso. Se decía mucho, en esos entonces, sobre la gran hacienda que estaba a varias cuadras del pueblo. Esa hacienda era enorme y estaba ubicada rumbo al cerro que era más cercano al pueblo. Ahora estaba abandonada, y se decía que espantaban especialmente en las noches.

Seguimos comentando lo de la hacienda cuando a la distancia, miramos que venían más de nuestros primos, con otros amigos a su lado. Cuando nos acompañaron en nuestra plática uno de ellos exclamó:

-¡Propongo a que vayamos ahora mismo a esa hacienda y descubramos si esas tonterías son realidad!

Todos nos miramos el uno al otro y se nos hizo que era buen plan, ya que la noche antes de Año Nuevo no más no la solíamos pasar conversando de cosas sin importancia: Teníamos ganas de divertirnos un poco, e ir al cerro esa noche fue la “mejor idea” para entretenernos.

Momentos después, todos nos pusimos de acuerdo para decirles a nuestros padres que íbamos a dar la vuelta a la plaza.

Nuestro grupo, que incluía mis dos hermanos, dos primos y cuatro de nuestros amigos, nos dirigimos a las vías del tren, ya que estas nos dirigían por la parte de atrás del pueblo y nos llevarían derecho a la hacienda. Eran como las 9:30 de la noche, y ya estaba oscuro. Al pasar por la vía, podíamos ver las diferentes casas en el pueblo con las personas fuera de ellas reunidas con sus familiares con fogatas para esperar al Año Nuevo. Me quedé pensando:

-Eso es lo que nosotros deberíamos estar haciendo, pero en vez, vamos en “busca de una aventura”.

Al recorrer el camino, íbamos escuchando las historias espantosas del pueblo, como la de La Llorona, que según nuestro amigo, había visitado el pueblo en varias ocasiones. Éramos nueve personas “ilusionadas” con encontrarnos con alguien del “más allá”. Se nos hizo larga la caminata, y no podíamos esperar hasta llegar a dicha hacienda donde se escuchaban de todas esas historias.

Al llegar a la hacienda… ¡no miramos nada! Aunque sentíamos suspenso y miedo al ir escuchando de las varias cosas que solían pasar. Uno del grupo propuso que nos metieramos y aunque estábamos deseosos de encontrarnos con algo, nadie tuvo suficiente valor para entrar a la hacienda.

Seguimos nuestro camino, pero en vez de regresarnos para el pueblo, miramos más al fondo del cerro y nos dio curiosidad explorar qué había al otro lado del cerro. Nos quedamos pasmados frente a la casa conversando de lo que deberíamos de hacer, cuando a la distancia miramos otro grupo de exploradores como nosotros. Venían a ver la dicha hacienda y se añadieron a nuestro grupo. Al tener más personas nos decidimos que seguiríamos nuestro camino al otro lado de la hacienda.

Seguimos caminando bajo el cielo negro, cuando llegamos a un puente. Íbamos escuchando las historias que nos contaban los integrantes del otro grupo. Cuando de repente, al cruzar el puente se vino un fuerte viento que nos espantó a todos. ¡Era como si al decir aquellas palabras, los espíritus de los cuales íbamos en busca nos hubieran revelado su existencia en forma de un viento que nos movió a todos!

Mis dos primos se asustaron demasiado al haber presenciado eso:

-¡Vámonos de regreso a la casa! –exclamó Daniela.

-¡Yo no quiero seguir adelante! –gritó mi primo Gabriel.

Pero todos nosotros no nos queríamos ir, queríamos llegar al cerro, así que los dejamos que se regresaran ellos dos solos.

Seguimos el camino habiendo ignorado lo que había pasado en el puente. Nos dirigimos más adelante, sin saber en realidad qué era lo que buscábamos ni a dónde nos dirigimos. Llegamos a un terrado donde había pura tierra y césped ya quemado por el sol. Íbamos para arriba, cuando de repente miramos unas luces resplandecientes detrás de nosotros. Alguien gritó:

-¡Es la policía! ¡Échese al suelo!

En ese momento todos ahora sí nos espantamos. Nos echamos al suelo, deseando que aquel césped nos cubriera al agacharnos. Las luces nos iluminaban y sentí que el corazón se me salía, lo único que quería era nunca haber hecho ese viaje al cerro. No quería meterme en problemas con la ley.

Oímos a alguien de la camioneta alumbrante gritar:

-¡Crystal! Alexis! ¡Vanesa! ¡Salgan ahora mismo de allí! Era mi madre y mi tío. Al parecer Gabriel y Daniela habían llegado a chismear en donde estábamos. Al momento, salimos todos de nuestros escondites. Nos subimos a la camioneta y nos dirigimos al pueblo. Nuestros amigos vinieron con nosotros. Al poco tiempo la camioneta hizo un alto, en ese mismo instante volteamos a ver a nuestros amigos los cuales se mostraron avergonzados y decidieron bajarse del coche.

Todo el camino a casa se nos hizo más largo de lo que habíamos recorrido tan siquiera al llegar al cerro. Mi mamá estaba furiosa porque habíamos expuesto nuestra seguridad y nos habría podido pasar algo. Era poco decir que nuestras vacaciones en México estaban acabadas si mi mamá, que era la más calmada de mis padres, estaba furiosa; así que por parte de mi padre esperábamos estar en serios problemas.

Cuando llegamos a casa, mi padre nos miró y no dijo nada; su mirada lo dijo todo: Estaba enfadado y no podía creer qué decisión tan irresponsable habíamos tomado al irnos todos al cerro esa noche. En ese momento no entendí muy bien por qué era que estaban tan enojados con nosotros, si no más queríamos ir a divertirnos un poco. Todos nos enfadamos con Daniela y Gabriel que habían sido unos miedosos y para acabarla…¡unos chismosos también!

Al siguiente día platicamos mis padres, mis hermanos y yo. Lo que yo quería era llegar a un acuerdo porque iba a haber un baile esa noche y como estaba en problemas no me dejarían asistir. Al platicar con ellos nos dijeron que estaban preocupados por lo que podría haber pasado aquella noche. Nos podían haber secuestrado, capturado, lastimado, entre otras cosas. Ese día comprendí que lo que había sido solo una aventura para nosotros se podría haber convertido en una desgracia: Ya que en ese cerro habían pasado varios crímenes en el transcurso de los años, a lo menos así lo contaron mis padres.

La autora de este cuento trabaja en la escuela Ewing y la directora es Sandra Toscano. Esta escuela está en el programa Doble Inmersión del Distrito Unificado de Fresno: que es un programa bilingüe que busca que los estudiantes adquieran destrezas de comunicación y lectoescritura, además de integrar el desarrollo de la competencia intercultural; con la expectativa que no solo estén preparados para completar los requisitos para obtener el Sello de Bilingüismo al graduarse de la preparatoria, sino también desarrollar una perspectiva más amplia de la diversidad y conciencia cultural.

Los maestros reciben capacitación y tienen todo el apoyo para llevar a cabo su labor. Para preguntas adicionales sobre los Programas de Doble Inmersión en FUSD, favor de comunicarse al (559) 457-3916 ó visítenos: https://www.fresno.org/dept/els

  • The Community Alliance is a monthly newspaper that has been published in Fresno, California, since 1996. The purpose of the newspaper is to help build a progressive movement for social and economic justice.

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