Las Elecciones Tienen Consecuencias

Las Elecciones Tienen Consecuencias

Ganar elecciones no necesariamente significa ganar el poder. 

Tanto en México como en muchos países de Latinoamérica no es suficiente con ganar la presidencia, pues hay intereses muy arraigados difíciles de derrumbar. Dichos intereses son defendidos por poderes económicos, mediáticos, militares y hasta religiosos, además de partidistas.

En una conversación en 2019 entre el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa y el escritor Paco Ignacio Taibo II, actual director del Fondo de Cultura Económica de México, (‘Conversaciones con Correa’, 11-14-2019 RT en Español) hablan sobre el tema, bajo el contexto de la importancia del triunfo histórico del actual Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien llegó a la presidencia en 2018.

El escritor celebra el triunfo por considerarlo, según sus propias palabras, un cambio en la estructura de poder encaminado a lograr un verdadero desarrollo en base a construir lo que él llama una democracia real, en lo económico, lo social y lo cultural, con un nuevo modelo: el reparto de la ganancia, los derechos para todos y la ruptura de tabúes, dice. 

Taibo argumenta además en la misma conversación que el triunfo de AMLO fue una victoria por lo menos ideológica en un país en donde “el neoliberalismo sucio, altamente corrupto” sólo le interesaba favorecer a esos grupos poderosos  en detrimento de los intereses de la población. 

Correa, sin embargo, dice que con el triunfo el movimiento Lopezobradorista sólo ganó las elecciones y no la estructura de poder. Citando al autor Alain Rouquié y su libro América Latina, Introducción al Occidente Extremo, el ex mandatario sudamericano agrega que existen otros factores culturales que mantienen en este caso a países latinoamericanos en el subdesarrollo, tales como el llamado pacto de dominación, una especie de verticalidad de las relaciones sociales de dominio de ciertas élites, condición que es aceptada por los que dominan y por los dominados. “Es más fácil tener una coalición política para mantener el estatus quo que tener una coalición política para cambiarlo”, asegura.

Me parece interesante la reflexión de Correa y relevante ahora, después de los cinco años del gobierno Lopezobradorista y a un año de las elecciones presidenciales en México. 

Me queda claro que López Obrador, aún y con todo el apoyo popular que lo llevó a la presidencia, se ha topado con la pared con cada uno de los intereses mencionados por Correa. El balance de poderes le ha vetado algunas propuestas, principalmente cuando estas llegan a la Corte Suprema. Con o sin razón, es la ley y López Obrador ha tenido que acatarla. 

Aun así, ha sabido moverse con habilidad política para realizar otros cambios que su gobierno ha considerado necesarios. Más allá no ha podido porque en muchos casos requiere modificar la  Constitución y para ello necesita la mayoría calificada en el Congreso que su partido no posee.

El ejemplo contrario podría ser el Presidente Salvadoreño, Nayib Bukele, quien en poco tiempo como máximo mandatario, ha logrado disminuir la criminalidad en la que estaba hundido el país. Sin embargo, sus métodos han sido controvertidos. 

A diferencia de AMLO en México, Bukele consiguió la mayoría calificada en el Congreso, lo que le permite realizar los cambios que él considere necesarios. Con la mayoría de los asambleístas a su favor logró cambiar a los jueces de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, quienes le habían rechazado algunas propuestas, y puso jueces afines. 

Así ha podido echar adelante su forma de gobierno y ha logrado también que los nuevos jueces aprueben una modificación a la Constitución, para poder reelegirse, algo que está prohibido. 

Y aquí el punto no es juzgar las decisiones de los salvadoreños y las acciones de su presidente (no por ahora), sino establecer que no basta con la presidencia para hacer una diferencia. Como bien lo ha dicho el mismo  Bukele, citando el ex presidente Barack Obama, “las elecciones tienen consecuencias”.

En el caso de López Obrador, se puede decir que el poder mediático es uno de sus más férreos adversarios.

El trato de la prensa corporativa es cada vez más confrontativo, muchas veces con noticias falsas y tendenciosas sobre el presidente, quien a su vez en ocasiones parece rebasado por los ataques y termina viendo monos con tranchete por todos lados. 

Ante el poco peso y capacidad de la oposición política que representa el Frente Amplio por México (PRI, PRD, PAN) y su candidata Xochitl Gálvez, pareciera que ciertos medios han tomado la batuta a ver si con sus ataques logran evitar lo que parece inminente, la continuidad de la llamada Cuarta Transformación, en manos de la candidata del partido oficialista Morena, Claudia Sheinbaum.

Pero esto no debe sorprender a nadie. Basta con hacer un poquito de memoria.

Cuando “irrumpió” la Senadora Gálvez, como sacada de la manga, muchos medios empezaron a echar su maquinaria a andar y la calificaron como la gran sensación.  El “prestigiado” Joaquín López Dóriga la calificó como “la candidata más formidable desde [Vicente] Fox” cuando antes había expresado su enojo por la falta de una verdadera oposición. 

Y así vimos desfilar a Gálvez con entrevistas a modo por todos lados, los mismos periodistas que son críticos, agudos, agresivos con todo lo que huela a la corriente política Lópezobradorista, de repente se convirtieron en tiernos corderitos entrevistando a la candidata del frente conservador. 

Los medios informativos mexicanos tienen una larga historia de manipulación. 

La vieja Televisa de Emilia Azcárraga Milmo se autonombró en su momento como “soldado del PRI.” Las mismas televisoras así como periódicos importantes siempre se vieron beneficiados con la venta de publicidad y contenido por muchos años a los gobiernos en turno a cambio de buena prensa.

Para muestra recordemos algunas joyitas, como esa famosa frase del ex mandatario José López Portillo a los medios “No pago para que me pegues”. 

Ha sido ya de conocimiento público que algunos periodistas y líderes de opinión han estado directamente en la nómina de gobernantes y otros grupos de interés.

He aquí algunos casos: 

Héctor Aguilar Camín pidiendo ayuda al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari para mantener a flote su revista Nexos

La presunta petición de la periodista Adela Micha en unos audios que se filtraron donde al parecer la conductora y dueña del programa La Saga, pide financiación al presidente del PRI para pagar la nómina.

Los nexos del priísta Roberto Madrazo y el medio Latinus, desde donde Carlos Loret de Mola practica el deporte de pegarle al presidente, incluso inventando o alterando notas, algo muy característico en él. 

El caso del periódico El Universal y la presunta colaboración con el cártel de los Beltrán Leyva que salió a relucir durante el juicio de Genaro García Luna en Estados Unidos, durante la época en que el periodista Raymundo Riva Palacio era el director editorial. 

Televisa y la campaña a favor de Enrique Peña Nieto, con primera dama incluida en el paquete.

Campañas de odio como lo que se ha venido publicando en la revista Siempre, donde publicaron una foto de la candidata Sheinbaum con símbolos nazis (esvásticas).

En fin, más allá de la afinidad o no con el actual gobierno y el papel que ha desarrollado López Obrador, lo mismo en el caso de Bukele en El Salvador, la realidad es que Correa tiene razón, no basta con ganar la presidencia para realizar verdaderos cambios estructurales. 

Para ello se necesita ganar también la mayoría de las otras estructuras de poder. Y entonces sí podemos decir que las elecciones tienen consecuencias.

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