Juegos electorales 

Juegos electorales 
El tráfico de fentanilo desde México está creando acusaciones mutuas entre México y EE.UU. En la imagen, pastillas verdaderas de oxycodone y la versión falsa que contiene altas dosis de fentanilo. Foto cortesía www.dea.gov/onepill  

Hasta hace un par de meses todo parecía un simple juego amistoso de ping-pong entre dos amigos acostumbrados a jugar seguido. Uno lanzaba la pelotita y el otro la regresaba.

Así estaba el partido entre vecinos. Ambos con un ojo puesto en mantener la relación en buenos términos y con el otro en algo más importante: asegurar la respectiva continuidad en el poder.

En México, todo parece indicar que el sucesor del actual presidente Andrés Manuel López Obrador saldrá de MORENA, partido fundado por el mismo mandatario y que daría continuidad al proyecto Lópezobradorista. Mientras que en este país, la apuesta del partido Demócrata se centra en la reelección del actual presidente Joe Biden.

Sin embargo, lo que parecía un simple juego amistoso ha ido escalando poco a poco ante la aparición de nuevos factores y nuevos jugadores. Ante ello, Biden ha sido más cauto y habla lo necesario, mientras que López Obrador ha sido más abierto en su discurso y ha llegado incluso a defender al ex presidente Donald Trump, quien a pesar de sus problemas legales, es quien lidera las encuestas para ser el candidato republicano para competir por la presidencia de este país.

Pero todo empezó cuando un par de legisladores republicanos, Dan Crenshaw (R-Texas) y Michael Waltz (R-Florida) propusieron una resolución conjunta para dar autoridad al presidente de utilizar el poder militar en contra de los cárteles mexicanos.

Luego, la idea fue secundada por el Senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, figura prominente del partido Republicano, quien anunció planes de legislar para que los cárteles mexicanos fueran catalogados como grupos terroristas, con el propósito de dejar abierta la posibilidad de una intervención militar estadounidense.

Esta clase de acciones se suman a la retórica electoral y populista de la derecha estadounidense a la que se acomodan tanto Graham como el grueso de los políticos republicanos que siguen apoyando la candidatura de Donald Trump. Y es que a pesar de los problemas legales que éste enfrenta, temen perder el voto de la numerosa base de MAGA (Make America Great Again, el slogan electoral de Trump durante su campaña de 2016) que ha cultivado Trump y que, por ahora, está estacionada en el partido Republicano. Saben que sin esta base de votantes, difícilmente los republicanos pueden conseguir los votos necesarios para derrotar a Biden. 

Desde la Administración de Biden no mordieron el anzuelo en un principio, pero si lo hizo la contraparte mexicana, en voz de su presidente, quien de inmediato contestó y advirtió que México no permitirá la intromisión de gobiernos externos en el país.

Así, el presidente mexicano regresaba con fuerza el saque inicial que, aunque no venía directamente del gobierno demócrata de Biden, era claramente una declaración de intenciones, pues el tema del narcotráfico y específicamente el fentanilo, estará presente en el debate electoral.

López Obrador no esperó a que fuese una postura oficial de política estadounidense y atacó el rumor aun y cuando este provenía de un nivel de gobierno no a la altura de su envergadura. 

El líder mexicano ha fijado una postura fuerte en cuanto a la soberanía del país. Y aunque él ha dicho que en cuanto termine su mandato desaparecerá de la vida política y pública mexicana, sí se ha pronunciado abiertamente sobre su deseo de que el movimiento de su llamada Cuarta Transformación tenga continuidad. 

Para ello, MORENA ha definido ya seis precandidatos que pelearán por 

la candidatura oficial, la cual dada la fuerza del partido, será la que lleve al nuevo portador o portadora de la banda presidencial.

López Obrador quiere marcar línea desde ahora, enviando un claro mensaje a quienes aspiran a sucederlo y al propio vecino del norte: la soberanía es innegociable.  

Desde acá, la Administración de Biden ha regresado la pelotita. Fue mediante un anuncio de la DEA que lanzó una fuerte embestida en contra del cártel de Sinaloa, específicamente contra los llamados Chapitos, hijos del capo mexicano Joaquín “El Chapo” Guzmán, quien purga cadena perpetua en una cárcel de máxima seguridad en este país. 

En dicho anuncio, los oficiales de la DEA anunciaron cargos contra 28 integrantes del cártel, entre ellos cuatro de los hijos del Chapo, incluido Ovidio, actualmente preso en México y a quien ya pidieron en extradición. Los acusan de fabricar y traficar con fentanilo, la droga más mortal a la que se ha enfrentado este país, según los oficiales, causante de numerosas muertes de estadounidenses. Según la DEA, los Chapitos han inundado al país con fentanilo en los últimos ocho años.

El anuncio parece ser la medida más significativa que ha tomado el presidente Biden para atacar la llamada crisis de opiáceos que enfrenta el país. Recientemente, en uno de sus actos proselitistas, Trump criticó a Biden por su inoperancia en el tema y anunció que ha pedido a sus asesores opciones para intervenir en México si es elegido presidente. 

Sin duda, el reto de Biden además de dicha crisis, es evitar a toda costa que su posible contrincante saque crédito político de este problema. Lo más fácil para ambos, es echar toda la culpa a México y a los cárteles mexicanos. Recurrir al populismo funciona. Le funcionó a Trump cuando llamó “Bad hombres” a los inmigrantes mexicanos y prometió construir el tristemente célebre muro fronterizo cuando fue elegido presidente. Ahora, hablar de una intervención militar para “solucionar” un problema mucho más profundo seguro le dará votos.

Según informes de salud pública, en 2021 más de 107,000 estadounidenses murieron de sobredosis, dos tercios a causa de fentanilo. Pareciera como que con estas acciones y esta narrativa el gobierno de este país estuviera preparando el terreno, por si acaso.

Por supuesto que desde México López Obrador devolvió nuevamente la pelota. Dijo que si bien México cooperará con los esfuerzos por erradicar la producción y tráfico de dicha droga, acusó al gobierno estadounidense de no hacer bien su trabajo en atacar el problema. Criticó a las autoridades y medios de comunicación, a quienes acusó de contubernio para hacer ver mal el trabajo en México y no hacer un mea culpa por lo que se ha dejado de hacer en este país.     

Si bien Biden no se involucra directamente como sí lo hace su homónimo mexicano, tanto este gobierno como el de México se equivocan en reaccionar como lo están haciendo. Culpar a México como si fuera el único responsable del problema es querer tapar el sol con un dedo. Es no reconocer que gran parte del problema tiene que ver más con políticas de salud pública. Es como si el gobierno mexicano levantara cargos en contra de las compañías estadounidenses que venden las armas que luego son introducidas ilegalmente a México y que terminan matando a miles de nacionales.

Igualmente, el presidente mexicano tiene que ser más cuidadoso con su discurso y sus acciones. No puede pedir la no intromisión de este país en asuntos que le competen a México, y al mismo tiempo estar constantemente metiendo su cuchara en asuntos internos estadounidenses. 

No hace mucho aseguró que a Trump le están levantando cargos por “asuntos de faldas” para evitar que participe en la contienda electoral y sea rival de Biden en las próximas elecciones. Esto por los cargos de falsificación de registros empresariales por los pagos a la actriz porno Stormy Daniels.

Incluso fue más allá al comparar el caso que enfrenta Trump con el proceso de desafuero que él enfrentó previo a su primera candidatura por la presidencia de México, cuando el entonces mandatario Vicente Fox quería evitar a toda costa que el nombre de López Obrador apareciera en las boletas electorales. 

Y siguió en el mismo tenor ante los 37 cargos federales que enfrenta el ex presidente estadounidense por retener información clasificada, obstruir la justicia y hacer declaraciones falsas. Dicha información tiene que ver con el armamento nuclear en Estados Unidos y las capacidades nucleares de otros países, así como información de inteligencia de la Casa Blanca  y detalles de inteligencia militar.

Primero, es irresponsable decirle al pueblo mexicano que los cargos contra Trump son por un “asunto de faldas”, una afirmación errónea de su parte. Y que los cargos por no entregar documentos clasificados son solo para evitar que compita en las elecciones. El presidente mexicano sabe que no solo los mexicanos que viven en su país escuchan lo que dice, sino también la gran comunidad de compatriotas suyos que viven en Estados Unidos. 

Y segundo, debe tener cuidado con lo que desea. Está defendiendo a Trump, quien ha insinuado una intervención militar en México si llega nuevamente al poder, lo mismo de lo que se está quejando.

En fin, la pelotita sigue rodando. A ver quien finalmente logra controlarla y ponerla en el piso, aunque este sea un término más futbolero. 

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