La cantante Natalia Lafourcade fue una de las firmantes de la carta dirigida al presidente Andres Manuel López Obrador. En la imagen, la cantante durante su presentación en el festival Outside Lands, de San Francisco, el 7 de agosto de 2016. Foto de Eduardo Stanley.

El Presidente No Es La Patria

Por Julio César Ocaña

El pasado 8 de marzo 2,514 mujeres mexicanas publicaron una carta dirigida al presidente Andrés Manuel López Obrador. En ella denuncian que: “En México se protege al Palacio Nacional antes que a las mujeres de los feminicidas y los violadores”. Entre las firmantes resaltan: la activista y trabajadora del hogar Marcelina Bautista; la lingüista, escritora, traductora y activista de derechos lingüísticos Yásnaya Aguilar; la académica, escritora, guionista y productora Gabriela Warketin; la mundialmente reconocida directora de orquesta Alondra de la Parra; la escritora Carmen Boullosa, la valiente periodista Lydia Cacho, y las extraordinarias cantantes Natalia Lafourcade y Julieta Venegas. En el documento, que se viralizó de inmediato en redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, también exigen al presidente una estrategia nacional de seguridad con perspectiva de género que ponga un alto a los feminicidios, fortalecer las instituciones para frenar la violencia de género agudizada por la pandemia, así como leyes que garanticen los derechos humanos… 

Y cierran con un mensaje contundente: “Exigimos un alto al desdén, estamos hartas de que nos descalifique, señor presidente, no somos un partido político, somos una voz colectiva…”. 

Hay que recordar que en México son asesinadas 11 mujeres diariamente, cada cuatro minutos una de ellas es víctima de abuso sexual y el 97% de los feminicidios queda impune, por mencionar únicamente tres de los datos más significativos. La respuesta del presidente no se hizo esperar y fue fulminante: “Son famosos y fifís”. Así de simple, así de fácil; así de profundo, así de ecuánime, así de sensible, así de empático. Y no es la primera vez. No es éste el primer caso de inconformidad ciudadana ante el que Andrés Manuel reacciona de forma semejante. 

Observando este botón de muestra, creo que el presidente debe recapacitar. No quiero pensar que lo mueve la perversidad, más bien siento que está confundido, distraído, obnubilado. Cual fuere el caso, sus exabruptos lo están encaminando a un callejón sin salida. Su visión de la realidad es imprecisa, por decir lo menos. Y es necesario advertirlo, un análisis erróneo del acontecer social puede convertirlo (ya está sucediendo) en lo contrario de lo que pretende ser, y puede llevarlo a donde seguramente no quiere ir. El presidente fustiga a los conservadores y no se da cuenta que, en más de un aspecto, ya es uno de ellos. 

Es verdad que ganó la presidencia porque supo conectar con las mayorías y aglutinar el clamor generalizado contra los saqueadores de la nación: ¡Estamos hasta la madre!, exclamábamos al unísono. ¡No más corrupción!, demandábamos casi todos. Y en esa batalla lo acompañamos millones. Sin embargo, la sociedad es más rica y compleja de lo que él pareciera concebir. Los mexicanos no estamos divididos en dos grandes bandos: los saqueadores y los patriotas, los conservadores y los liberales, los reaccionarios y los progresistas, los fifís y el pueblo bueno y sabio; los buenos y los malos… 

No, la sociedad es mucho más vasta e intrincada que eso. El reduccionismo del presidente percibe en todo manifestante y en todo crítico a un opositor, a un saqueador, a un mafioso del poder, a un fifí, o bien a individuos y movimientos comprados o manipulados. Al erigirse en la personificación de la honestidad, del progreso, del espíritu transformador, de la verdad y la justicia, sólo nos deja dos opciones: o estamos con él o estamos contra él; o somos conservadores o somos liberales, o somos fifís o somos pueblo bueno y sabio, o somos patriotas o somos traidores a la patria… ¿Porque acaso él es la patria?… 

Yo, por ejemplo, voté por AMLO y por morena, y al hacerlo me dije (y lo dije): «No les doy un cheque en blanco». 

Yo no soy de la mafia del poder, ni soy un vividor del erario, ni soy un conservador… Ni soy fifí… 

Y no obstante, no soy su seguidor incondicional, ni su admirador, mucho menos su venerador. Por tanto, me reservo el derecho de observarlo y criticarlo, tanto a él, en su rol de primer mandatario, como a su gobierno, a sus políticas, a sus programas, y por supuesto sus palabras, expresión concreta de lo que bulle en su mente. Y lo haré tal cual como lo he hecho con todos los presidentes y gobiernos anteriores. En su momento, y cuando lo he considerado pertinente, he expresado mi opinión sin recato alguno en contra de los jefes de la nación en turno. 

Sin duda alguna, reconozco y reconoceré sus aciertos (aunque es su obligación acertar), mas también criticaré todo aquello que no me parezca acertado. Y no por ello seré un opositor (no me interesa el poder), ni seré un antipatriota (él no es la patria), ni seré un criminal (él no es la justicia), ni seré el demonio (él no es Dios).

Así pues, espero y deseo que el ciudadano presidente recapacite y se baje del pedestal de semidiós donde sus fanáticos lo pusieron. AMLO podrá ser todo lo bien intencionado que quiera, pero no es infalible ni absoluto. El presidente puede y debe recapacitar, él no es la patria.

*****

Julio César Ocaña es un pensador y escritor mexicano, estudió Economía Política en Alemania Oriental, su contacto es jcmartioca@gmail.com.

  • The Community Alliance is a monthly newspaper that has been published in Fresno, California, since 1996. The purpose of the newspaper is to help build a progressive movement for social and economic justice.

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