1970’s en un rinconcito de mi corazón…

Por Nicolás Mareshall

… Sucede que de niño veía a mi madre abrir aquella tienda de abarrotes cuando apenas amanecía, con una sola finalidad, “fiar”, fiar hasta el cansancio —harina, huevos, azúcar, pan (era un kilo y medio de pan por vecino, para que alcanzara). Y los niños, bueno, también salían/mos contentos con un par de calugas (dulces) y un pan en las manos; así mi madre fabricaba paisajes más allá de los Andes, abría puertas, ventanas y construía puentes al pie de la cordillera en un poblado en vías de desarrollo urbano llamado, Peñalolén, Chile. Éramos una gran familia soportando el frío, la lluvia, la nieve, y después también el barro, así eran los inviernos, los grandes yendo y viniendo del bosque por leña, allá también cazaban zorros, y pescaban para después venderlo todo en el mercadito de los sábados. 

Los domingos jugaba nuestro querido equipo, los Cóndores Andinos, y desde muy temprano todos íbamos a la cancha, de tierra y piedras. No nos podía faltar el fútbol. Mi padre hacía fletes en su cansada camioneta Chevrolet 51, y todas las mañanas aprovechaba su primer viaje para llevar a los vecinos a sus pegas (trabajos), allá abajo, al centro de Santiago. A veces se subían hasta diez, se hacían bromas, y al son de un “¡Nos fuimos!” todos se iban contentos. En horas de la tarde se reunían las mamás a tejer pañuelos, manteles, coser pantalones, vestidos, compartiendo también sus anécdotas y anhelos a la orilla de un bracero, siempre riendo y tomando mate, “con poquita azúcar el mío”, decía mi abuelita. Esto fue ayer, cuando perdíamos el cielo en el horizonte, y caminábamos por esas calles sin fin hasta caer envueltos en la gloria del sueño, pero la noche del tiempo hizo polvo nuestros corazones. 

De pronto como hoja en el viento se perdió aquel noble ideal del “Hombre Nuevo”, creador, resultado de la sociedad en que vive, inspiración de aquellos seres de carácter esencialmente humano quienes valoraban la comunión y la bondad. Fue doloroso darnos cuenta que habían desaparecido las utopías, y con ellas el espíritu gregario que habitaba en espacios de leña y fuego, de amigos y cantos del alma, transado, todo, por un vano y ambicioso interés de mercado; y así, amanecimos “a otro día” que sería el mismo de mañana y quizá, el de siempre…

Hoy, al vernos enfrentados a este fenómeno natural (Covid19), tan ajeno a nuestro conocimiento y control, nos hace recuperar curiosamente la memoria de aquello que sentimos y pensamos importante, como ser solidarios, apreciar la virtud de comunicarnos, de fomentar nuestras relaciones sociales y personales, de reflexionar sobre la fragilidad y la esperanza, de plantearnos, como hace mucho tiempo, una causa común. Y así comenzamos entonces a valorar no sólo el poder compartir la alegría cotidiana sino también celebrar nuestra naturaleza humana, que felizmente no es un misterio, ni una ciencia oculta, sino volver la mirada al jardín para ver un aleteo de hojas amarillas, poner los zapatos en el armario y caminar descalzo, apagar la televisión y mirar un cesto de manzanas para disfrutar la primavera. 

Celebrarnos es abrir el viejo álbum de retratos encantados, reírse a carcajadas, escuchar las canciones que escuchaban nuestros padres y abuelos y después de todo esto, reunirnos con los recuerdos más hermosos y compartirlos con quienes son parte de nuestro diario vivir. Finalmente, qué importa, si como dijera el poeta, es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Sólo entonces recuperaremos algo de nuestra existencia, y viviremos un poco, para nosotros. Tal vez, por eso hoy me abrazo a este instante, para no sentirme ajeno a este planeta, para no sentir absurdo mi dolor, ni pensar que fuera en vano aquella noble tienda de abarrotes…Tal vez, después de todo, no eran otros tiempos, ¿O estoy soñando?

Amigos de siempre… Un abrazo.

*****

Nicolás Mareshall nació en Santiago, Chile. Estudió literatura hispanoamericana, inglesa y estadounidense en la Universidad Estatal de California, Fresno. Cursó posgrados en Teoría Literaria y Metodología de la enseñanza de idiomas. Recibió el premio “Pluma de oro”, del Consejo de las Artes de San Francisco. Fue fundador y editor de la primera revista literaria en español de la Universidad Estatal de California, Fresno, “Revista Literaria Austral” (2008). Libros publicados: “Sueños deshabitados” (Ed. Escritores.cl. Chile), “Rostros en la lluvia” (Ed., Porrúa, México). Sus poemas aparecen también publicados en revistas y foros literarios digitales en E.E.U.U., México y Chile. Desde 2017 colabora con Community Alliance, y con la revista literaria de la editorial Escritores, de Santiago, Chile. Contacto: Correo-electronico: mareshall07@gmail.com 

  • The Community Alliance is a monthly newspaper that has been published in Fresno, California, since 1996. The purpose of the newspaper is to help build a progressive movement for social and economic justice.

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